“Es extraño”, dice Rodney Smith, “el siglo diecinueve fue la época de la industria minera, y una época en la que la humanidad no era precisamente el centro de atención pero en la que el arte homenajeaba la belleza. Hoy en día, las culturas americana y occidental parecen fundamentarse en la indiferencia, el distanciamiento y la miseria. Yo, no obstante, quiero que la gente vea las cosas bellas, agradables y divertidas de la vida. Rodney Smith siempre hace fotografías en blanco y negro. Su estilo es sofisticado, a menudo con un toque de Magritte, y sus composiciones se basan en el clásico mundo de la simetría y el equilibrio. Sus mayores fuentes de inspiración son Eugene Smith, Robert Doisneau, Dorothea Lange, Jacques-Henri Lartigue y Henri Cartier-Bresson, pero también se orienta en los grandes maestros de la pintura como Rafael, Rembrandt y Vermeer. Dedicar su vida a la fotografía no era una opción obvia para Smith. Su padre había fundado la empresa de moda ‘Anne Klein’ y la mayor parte de la vida de la familia se concentraba en la moda. Pero durante mucho tiempo Smith rechazaba todo lo que se asocia a la industria de la moda. Buscaba un sentido más profundo de la vida y se pasaba el tiempo filosofando sobre temas existenciales. Como consecuencia de esta búsqueda, empezó a cursar estudios de teología en la universidad de Virginia. Más tarde continuó en la Yale Divinity School donde se graduó en teología. Y durante su fase de estudiante en Yale, Smith entró en contacto con la fotografía. “A menudo visitaba las grandes exposiciones del Museo de Arte Moderno en Nueva York y me di cuenta de que la fotogáfía se podría convertir en mi medio para expresar todos los sentimientos que había en mi interior."
El famoso fotógrafo Walker Evans, que también era catedrático en Yale, fue una de las personas que fundamentaron la formación fotográfica de Smith. “Las prácticas eran absolutamente clásicas. Fotografiábamos exclusivamente en blanco y negro y siempre con luz natural. Yo sigo trabajando de la misma forma. Incluso utilizo el mismo tipo de película y la misma cámara.” A Smith nunca le han importado qué se lleva y qué no está de moda actualmente. Siempre sigue sus convicciones personales, pero esta actitud tan intransigente a veces le ha dificultado la vida. “En los años setenta fue difícil. Rechazaba encargos porque me negaba rotundamente a fotografiar en color.” | |  Smith trabaja siempre con un equipamiento muy reducido: un trípode y un par de cámaras (normalmente Hasselblad). Rara vez se lleva focos porque suele trabajar solo con la luz natural. Los resultados se entregan como copias originales, nunca negativos ni transparencias. “Trato de hacer mi trabajo bien y de que tenga sentido, en lo que se refiere a eso soy muy especial. Revelo e imprimo a mano siguiendo un procedimiento cuidadosamente elaborado para producir el resultado perfecto. La calidad de la imagen final es muy importante para mí. Es la consecuencia de todo lo que he hecho y la considero una obra de arte.”
Hoy en día, Smith se puede incluir entre los fotógrafos de arte, publicidad y moda más importantes de Nueva York. Smith tuvo su primer éxito en 1987 cuando documentó la memoria anual de Heinz. Fue galardonado con diversos premios de fotografía y gráfica por este trabajo que supuso su entrada al mundo publicitario. Algunos años más tarde permitió que el mundo de la moda finalmente entrara en su vida y así se cerró el círculo. Rodney Smith es representado por la galería Robert Klein en Boston, entre otros. También produjo dos libros, ‘The Hat Book’ e ‘In the Land of Light’. Y actualmente está preparando el tercer libro que se titulará ‘Sur-realisme’. Entre sus clientes comerciales se encuentran Merrill Lynch, Metropolitan Life, IBM, BMW, American Express, New York City Ballet, Morgan Stanley, Bergdorf, Goodman, Neiman Marcus, Ralph Lauren y Ellen Tracy. “Quizá parezca un poco anticuado" dice Smith, "pero debo mi éxito exclusivamente al trabajo duro y la perseverancia constante." Soy muy meticuloso y me fijo en la belleza de los detalles. Se podría decir que es una obsesión pero yo pienso que debería ser normal.” Kerstin Fiedler |